Acerca del psicoanálisis

Hoy en día existen muchos tipos de psicoterapias, pero sin duda el psicoanálisis es la base de todo, y ningún tipo de psicoterapia puede prescindir de él. Es por eso que es de suma importancia enseñar psicoanálisis en la Universidad. Pero la pregunta es ¿se debe enseñar solamente la teoría o también la técnica?psicologia-1

Para contestar esta pregunta me gustaría citar a Freud (1919), la Universidad únicamente puede beneficiarse con la asimilación del psicoanálisis en sus planes de estudio. Naturalmente, su enseñanza sólo podrá tener carácter dogmático- crítico, por medio de clases teóricas, pues nunca, o sólo en casos especiales, ofrecerá la oportunidad de realizar experimentos prácticos. Aquí Freud hace hincapié en que es necesario enseñar psicoanálisis en la Universidad, pero solamente la teoría, pues es imposible que un estudiante universitario ponga en práctica la técnica psicoanalítica con algún paciente, para ello se necesitan muchos más años de formación psicoanalítica.

Ahora bien, sabemos que la teoría psicoanalítica es demasiado extensa, por lo que sería imposible enseñar toda esa teoría en los cuatro años de licenciatura en psicología. Además, cabe señalar que existen otras corrientes como la humanista, conductista, cognitiva conductual, etc., que son de vital importancia enseñar también en la licenciatura, por lo que se le tiene que dar el mismo valor y el mismo tiempo de estudio a todas estas corrientes para que el alumno tenga una amplia visión de todas las teorías y autores existentes y pueda escoger a la que quiere dedicarse en su ámbito profesional.

Desde mi punto de vista, no es nada fácil estudiar la formación en psicoanálisis, se necesita mucho más que aprenderse toda la teoría, se necesita también, llevar una supervisión y además un análisis personal. Acceder al conocimiento psicoanalítico es difícil, el deseo de saber, cuando de psicoanálisis de trata, lleva a un conocimiento que causa horror, en la medida en que tiene que ver con la castración (Mannoni, 1984).

Mannoni (1984) también refiere que la experiencia más penosa para aquel que desea llegar a ser analista es tener que aprender primero a ser paciente. Considero que no puedes ser analista sin llevar al mismo tiempo un análisis personal, pues no puedes llevar a tu paciente a un lugar donde tú como analista nunca has ido. Hay que tomar en cuenta que el análisis es un espacio de “creación” en donde la transferencia y la contratransferencia juegan un papel muy importante y donde sale a la luz un saber que se ignora y que como dice Lacan, sólo el discurso analítico permite acceder al saber no sabido que todos poseemos. El analista por medio del análisis le ayuda al paciente a acceder a su inconsciente, pero esto no lo puede lograr sí él mismo nunca ha accedido a su propio inconsciente.

Al acceder a este inconsciente podemos darnos cuenta de que el alma y el cuerpo están estrechamente relacionados. Por ejemplo, al sentir una emoción, el cuerpo también la expresa por medio de reacciones físicas como el sudor, las palpitaciones, alteraciones en la respiración, la circulación de la sangre, etc. Así mismo, como refiere Freud (1890), bajo la influencia de excitaciones jubilosas, de la “dicha”, vemos que todo el cuerpo florece y la persona recupera muchos de los rasgos de la juventud. Otros procesos como la voluntad y la actitud ante la vida son también capaces de influir en los procesos corporales y son tan poderosos que hasta podrían desempeñar el papel de promotores o inhibidores de enfermedades.

La “palabra” tiene un efecto terapéutico enorme, por medio de ella podemos sanar de enfermedades que nunca imaginamos. Poner en palabras lo que sentimos y pensamos es sanar nuestra alma y al mismo tiempo, también nuestro cuerpo. Es por eso que el psicoanálisis se basa en el discurso y en las interpretaciones del analista, pues por medio de estas palabras se crea algo mágico que hace que el paciente sane. Las palabras son, sin duda, los principales mediadores del influjo que un hombre pretende ejercer sobre los otros (Freud, 1890).

Para que el discurso analítico sirva y sane, es obvio que se debe iniciar en algún momento, pero la pregunta es ¿cuándo se debe iniciar un tratamiento terapéutico? Desde mi punto de vista, un tratamiento debe empezarse cuando la persona entre en un estado de crisis, es decir cuando pierde la brújula de su existencia y no alcanza a apreciar sus herramientas internas para seguir viviendo. Así mismo, cuando la persona esté lista para conocerse más a sí misma y para dedicarse tiempo.

Dentro del tratamiento hay dos cosas que el analista debe considerar y que me parecen son de vital importancia. La primera es la ética, pues no se puede llevar a cabo un buen análisis si el analista no tiene ética profesional. La segunda es el encuadre, el analista debe al iniciar un tratamiento, explicarle al paciente las condiciones de dinero, tiempo, forma de trabajo, lugar, confidencialidad, compromiso mutuo, objetivo de la terapia, etc.

El análisis depende siempre en gran parte de la persistencia y el compromiso tanto del paciente como del analista. No hay un tiempo estimado para su duración ni se puede decir con exactitud lo que se ha de conseguir, cada paciente es diferente y lo mejor es olvidarse del tiempo y dejarse llevar por la magia del análisis.

Me gustaría mencionar que a la hora de hacer el encuadre debemos pensar que hay más resistencia en un paciente que no le cuesta el tratamiento porque no le da el mismo valor que a alguien que sí le cuesta. Así mismo debemos de recordarle al paciente que la asociación libre es de suma importancia para el éxito del análisis. No interesa para nada con qué material el analizado empiece su biografía, con tal de que se deje el paciente hacer su relato y escoger el punto de partida (Freud, 1913).

Es importante recordar que una interpretación debe darse en el timing adecuado, ya que no podemos comunicar una solución de algún síntoma o una traducción de algún deseo sin que el paciente esté a punto de darse cuenta por él mismo. Esto interferiría con el éxito de la interpretación.

A pesar de que el psicoanálisis es sin duda la base de todas las corrientes psicológicas existen muchas clases de psicoterapias, como la humanista, ecléctica, conductista, sistémica, etc. Todas ellas, incluyendo el psicoanálisis tienen un principio en común el cual refiere Roudinesco (2005): todas las psicoterapias se basan en que el proceso de la cura se vincula a la influencia que puede ejercer el terapeuta sobre el paciente, y a la creencia de éste en el poder de curar poseído por el curador. Esto quiere decir que el paciente instala al terapeuta en el campo del saber y por medio de la transferencia y la contratransferencia, psicoanalíticamente hablando, se da el proceso de la cura.

Debemos tomar en cuenta que todos los tipos de psicoterapias, conteniendo al psicoanálsis, son importantes, ninguno es más que otro y todos merecen el mismo respeto y credibilidad. Pero es importante mencionar que el psicoanálisis no es una psicoterapia, ya que desde mi punto de vista, no tiene como meta principal un efecto tarapéutico, sino más bien un efecto analítico que trae como consecuencia o no efectos terapéuticos.

Regresando al tema de la transfrencia y la contratransferencia, me gustaría mencionar que el término “contratransferencia” se define, como lo menciona Nasio (1991), no en el interior de la relación del psicoanalista con su paciente, sino en el interior de la relación del psicoanalista con su lugar. Es decir que el analista ocupa un lugar en el análisis como resultado de la influencia del paciente sobre los sentimientos inconscientes del analista. Dentro del análisis se deben transformar esos sentimientos del analista en un instrumento destinado a la cura y para ello es necesario autoanalizarse.

Es preciso mencionar que estos dos conceptos son vitales en un análisis y son los motores o los inhibidores de éste. Para explicar esto, Nasio (1991) menciona: La transferencia y la contratransfrencia son una resistencia, un obstáculo entre analista y terapeuta; pero también son el motor de la cura porque es sólo en condiciones de transferencia que una interpretación tiene una posibilidad de ser recibida y que el analizante tiene la posibilidad de estar efectivamente convencido del valor de la intervención del analista.

Un ejemplo de que la transferencia funciona como resistencia es cuando por ejemplo un paciente hace un silencio que detiene el flujo de sus asociaciones. Igualmente, la contratransferencia hace que se altere la escucha genuina del analista.

Algo que me pareció muy interesante de la lectura de Nasio (1991) y con lo que me gustaría concluir es donde menciona que cuando contratransferencialmente un analista percibe con el silencio en sí el dolor psíquico del paciente, se refiere según Freud a un contacto inmediato del inconsciente del analista con el inconsciente del paciente. Me imagino que esta experiencia es verdaderamente sorprendente vivirla y solamente el espacio analítico puede producirla, porque como ya mencioné, la magia del análisis en donde analista y paciente crean saberes es impresionantemente poderosa.

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