El carácter de Vincent Van Gogh

“Una primera generación de nuestro siglo descubrió a Vincent Van Gogh; una segunda siente admiración por la amplitud y el poder de su obra, así como por las trágicas circunstancias de su vida. Por eso es fácil prever con toda certeza que las generaciones futuras vivirán en la atmósfera creada por sus telas. A través de las imágenes de ese pintor que amaba el sol y que lo engrandeció en su obra, se cree descubrir un sentimiento de piedad hacia la naturaleza que no cesa de elevarse”.

Hans Feddersen

Theodorus Van Gogh era el joven pastor de un pueblo de tres mil habitantes en el Brabante Holandés, una región del sur de Holanda, donde se respiraba un aire tranquilo y donde la religión tenía un papel importante. Theodorus creció en el seno de una familia de clase media dedicada al comercio. Era un hombre espiritual, amante de la naturaleza. Sin embargo, el único de los seis hermanos Van Gogh que no destacó en su carrera, estudió una carrera religiosa. Los Van Gogh tenían varias galerías de arte en Europa. Dueños de las Galerías Goupil.

Anna Cornelia, una mujer espiritual, conciliadora y comprensiva, era hija de un encuadernador de La Haya, lo bastante bueno como para trabajar varias veces para el rey de Holanda.

El primer hijo de Theodorus Van Gogh y su esposa Anna Cornelia nació muerto. Exactamente el mismo día del año siguiente, el 30 de marzo de 1853, vino al mundo un niño, esta vez sano. El  niño se llamaría igual que el que nació muerto, Vincent Willem. Éstos eran los nombres también de los dos abuelos.

Para esa época, como contexto histórico, el rey Willem I ya había unificado todas las provincias en el Reino Unido de los Países Bajos, había centralizado al máximo el poder, impuso el holandés como lengua oficial y obligatoria y recuperó el papel principal de la religión en la vida pública con la iglesia reformada holandesa, de carácter protestante.

La familia de Vincent llevaba una vida modesta en la pequeña parroquia de Zundert, en Holanda. El cargo de pastor tenía tradición en la familia Van Gogh, el propio Theodorus había sucedido a su padre. Pertenecían a una rama más liberal de la iglesia reformada holandesa. El ambiente trabajador y religioso que reinaba en la casa Van Gogh marcó parte del carácter de Vincent.

Vincent es el mayor de cinco hermanos, Anna Cornelia, Theo, Elisabetha, Willemina y Cornelis. A lo largo de su vida con la única persona que mantuvo una relación muy estrecha fue con su hermano Theo, amigo, proveedor, confidente y destinatario de todas sus cartas. Con sus demás hermanos no tenía relación.

La familia Van Gogh desempeñó un papel importante en la historia de los Países Bajos y algunos de sus miembros ocuparon puestos elevados en la Administración del Estado, en el comercio y en la jerarquía religiosa.

Se dice que Vincent fue un niño caprichoso, brusco, voluntarioso y testarudo, pero al mismo tiempo, tímido e inseguro. No muy aplicado en la escuela y sus padres nunca lo consideraron capacitado para una educación universitaria. No era muy apreciado entre los niños de edad similar.

A los once años Vincent salió de su casa para ingresar a un internado a pocos kilómetros del lugar donde nació. Sus padres suponían que el contacto con otros niños de su edad le sería beneficioso, pero el resultado fue decepcionante, prefería permanecer aislado para leer textos de filosofía impropios para su edad y sus calificaciones eran mediocres. Al salir de casa por primera vez empezaba a observarse su carácter melancólico y solitario, a Vincent le gustaba estar solo con sus propios pensamientos y emociones, sin embargo empezaba a descubrir su sensibilidad por la naturaleza y las ciencias.

También se dice que Vincent era amable y compasivo con los pobres y los enfermos, además, tenía una estrecha relación con la naturaleza. Su hermana Elisabetha comenta: “Vincent conocía los lugares donde florecían las flores más raras, en cuanto a los pájaros, sabía exactamente dónde anidaban, y si veía un par de alondras descender en el centenal, sabía cómo acercarse a su nido sin romper las hojas y sin lastimar a los pájaros”. Para él el nido era un símbolo de seguridad.

A los quince años Vincent fue mandado con su tío Vincent, para que lo iniciase en la respetable profesión de comerciante en obras de arte de la casa Goupil. Este comienzo ejerció una profunda influencia en el joven, puesto que creció rodeado de cuadros sobre los que podía ejercitar su ojo clínico contemplándolos a su placer y comprándolos entre sí.

A los veinte años se mudó a Londres, ahí trabajaba en una casa Goupil también. Se enamoró por primera vez de una joven llamada Úrsula, hija de su casera. Su amor por ella le dio seguridad, sin embargo su amor no fue correspondido y al saber que ella ya estaba comprometida con alguien más él insistía fervientemente. “No lo ames a él, ámame a mí”, y la besaba a la fuerza. Pasó varios meses tratando de convencer a Úrsula de que lo amara a él, tanto así, que una Navidad llegó a su casa de repente para cenar con ella, sin embargo ella lo corrió.

A raíz de este evento Vincent se volvió un hombre sombrío y taciturno. Él quería formar un hogar y pensó que con Úrsula había una oportunidad para cumplir su deseo. Este fracaso amoroso marcó su alma y precipitó su primera crisis psíquica. A partir de entonces se volvió más agresivo y encerrado en sí mismo, esto era parte de su carácter melancólico.

Un día trabajando en la galería vendiendo cuadros le dijo a una compradora que su elección había sido pésima. No le gustaba que la gente escogiera cuadros feos, que la gente no supiera reconocer un buen cuadro, una obra de arte. Él expresaba su parecer sin importarle las ventas. Sus ventas empezaron a disminuir en gran medida. Al poco tiempo le dijo a su tío que ya no se quería dedicar al comercio y abandonó el trabajo un día sin avisar. Así era Vincent, impulsivo, voraz, expresaba lo que sentía sin tapujos.

Vincent se mudó a Ramsgate, una localidad en la costera inglesa, un importante puerto británico en el sigo XIX. Decía que era un lugar melancólico porque él estaba melancólico. Y con el paso de los días aprendió a amar esta melancolía, aprendió a amar su dolor. Caminaba noches enteras todos los fines de semana para llegar a Londres y ver a Úrsula en su casa, se quedaba alejado de la casa, solo mirando y se imaginaba escenarios con ella. Al poco tiempo Úrsula se casó y Vincent se fue a Amsterdam a estudiar para el sacerdocio a casa de un tío. Ahí fue su resguardo.

En esa época Vincent iba los domingos a 3 iglesias distintas, a la Católica Romana, a la Iglesia Protestante y a la Antigua Episcopal. Él decía que en cada iglesia veía a Dios y que le resultaba indiferente si predicaba un pastor protestante o un sacerdote católico romano, decía que en realidad no era una cuestión de dogma, sino del espíritu del Evangelio y ese espíritu lo encontraba en todas las iglesias. Pero al final se dio cuenta de que no quería filosofar sobre el Evangelio, quería vivirlo.

En Amsterdam se obsesionó con el estudio, estudiaba 20 horas diarias, leía y leía para mantener su mente ocupada. Él comenta: “estuve hundido y es un verdadero milagro que me haya salvado. Lo que me recondujo a un estado normal fue la lectura de libros relativos a las enfermedades del cuerpo y del alma. En ellos aprendí a leer más profundamente en mi corazón y en el del prójimo. Volví poco a poco a amar a los hombres, yo entre ellos, y progresivamente mi corazón y mi espíritu recobraron vida tras haber estado por algún tiempo destruidos, desecados y asolados por la peor de las desdichas”. Vincent descubrió que la lectura disminuía su melancolía y el vacío que sentía. Tenía interés en conocer el cuerpo y el alma para encontrar explicación a sus sentimientos y para descubrir el sentido de su vida. En ese momento le escribía a Theo: “Mientras se avanza de rechazo en rechazo y de decepción en decepción se busca ansiosamente y uno se interroga acerca de su destino.”

Después se dio cuenta de que su vocación no era el sacerdocio. Sabía que renunciar a él lo iba a convertir en un fracasado de la familia Van Gogh, pero no le importó, agarró sus maletas y sin despedirse se fue a Bélgica a una escuela evangélica. Su tarea principal era dar discursos a la gente, sin embargo sus compañeros y maestros se burlaban de él por no dar buenos discursos. Hasta que Vincent enojado dijo: “diré mis sermones como me parezca bien, mi trabajo es bueno y no quiero que se me insulte”. Dado su carácter explosivo y oral no lo aprobaron en la escuela evangélica y se mudó a una zona de bajos recursos minera en la región del Borinage en Bélgica, para ayudar a la gente necesitada. Vincent se sentía solo, abrumado, confundido, sin pertenecer a ningún lugar y quería encontrarle un sentido a su vida.

La vida en las minas era aterrorizante, los hombres trabajaban en las minas a una temperatura de más de 50° C, había pasadizos estrechos, poco a poco el oro se iba acabando en las partes más superficiales y había que cavar muy profundamente a varios metros bajo tierra, lo cual era muy peligroso. Algunos hombres morían dentro de las minas aplastados por piedras o por un golpe de calor. Los hombres pasaban varias horas trabajando sin descanso y solo les pagaban con lo mínimo necesario para mantener a sus familias si es que sacaban algo de las minas, si un día no sacaban nada, no les pagaban. Las mujeres se quedaban en casa alimentando y cuidando a los hijos, la mayoría de los niños estaban enfermos y no tenían ni para taparse del frío, muchos morían.

Vincent les llevaba la palabra de Dios a los mineros y rezaba con ellos. Se sentía útil al darles consuelo y por su trabajo y sus discursos se volvió por fin un evangelista autorizado y empezó a recibir un sueldo. Con el paso de los días y observando a los mineros se dio cuenta de que tenía que ser uno más de ellos así que empezó a mancharse la cara de carbón así como los mineros la tenían, se vestía igual que ellos y parecía sucio y desaliñado. Los mineros lo seguían y lo querían, Vincent se volvió uno más de ellos. Un día bajó a las minas para ver en qué condiciones trabajaban y se dio cuenta de que eran condiciones lamentables. Hacía mucho calor en las minas, ganaban muy poco dinero, apenas y les alcanzaba para comer y se enfermaban a cada rato. Al ver esta situación Vincent decidió dejar las comodidades y vivir en una choza igual que los mineros, pues de esa forma no se sentiría mentiroso e hipócrita al llevar la palabra de Dios y decir palabras de aliento. Escogió la choza más pobre de la zona, vivía en peores condiciones que algunos mineros, pero así sentía que ya tenía derecho de llevarles la palabra de Dios. Aquí se puede ver con claridad otra faceta del carácter de Vincet, un carácter masoquista, pensaba que tenía que sufrir para tener algún valor, pareciera que había en él una sensación crónica de sufrimiento y una tendencia a lamentarse. En el fondo Vincent quería ser querido, pudiera ser que utilizaba las quejas y las condiciones en las que vivía para exigir cariño. En esa época le escribió a Theo: “El que continúa guardando la pobreza para sí y la ama, posee un gran tesoro y escuchará́ siempre con claridad la voz de su conciencia; el que escucha y sigue esta voz interior, que es el mejor don de Dios, concluirá por encontrar en ella un amigo y no estará́ jamás solo”.

Vincent decía que esa era una prueba que Dios le había mandado y no se quería alejar del camino de su deber. Empezó a encontrarle un sentido a su vida. Pronto llegaron a visitarlo otros evangelistas y el ver las condiciones en las que vivía le dijeron que estaba loco y le quitaron su puesto en la iglesia. Vincent dormía sobre el piso, casi no comía y estaba ya muy débil.

Su hermano Theo, preocupado por él, le mandó dinero para salirse de ahí, pero Vincent no se salió. Perdió la fe y la esperanza, se perdió de nuevo a sí mismo. Les dejó de hablar a los mineros, solo comía, dormía y permanecía sentado sin hacer nada. Su hermano Theo dejó de insistirle y dejó de escribirle. No tenía fuerzas para empezar de nuevo en un lugar distinto, había fracasado cinco veces. Se preguntaba “¿qué podría hacer de utilidad en la vida? ¿Estoy destinado a fracasar?”.

Entonces empezó a dibujar a los mineros que salían de la mina. Dibujaba sus cuerpos y sus caras, se sentía feliz de pintar, era una actividad que solo le pertenecía a él, no decía nada a nadie. Captaba la esencia y el carácter de los mejores mineros en sus dibujos. Siempre tuvo necesidad de dibujar pero no quería interrumpir su trabajo. Algo pugnaba por salir en él y él lo ahogaba. Vincent intentaba experimentar otra cosa que no fuera amargura a pesar de las miserias de la vida. Se complacía en dibujar las casas de los pobres. Este periodo en las minas marcó su vida, después de haber probado y vivido la máxima miseria, soledad y pobreza, después de haber estado tan abajo sintió el deseo de pintar, simplemente pintar lo que veía y sentía. Aquí comienza su espíritu de artista. Vincent empieza a sublimar en sus pinturas.

Un día llegó su hermano Theo de visita, lo encontró en condiciones deplorables. Le dio de comer y lo bañó. Vincent le dijo que no quería volver a casa, que él era un hombre arrebatado e impulsivo y así vivía bien. “En medio de mi inconstancia permanezco fiel y mi única angustia es saber cómo puedo ser útil en el mundo, y heme aquí a los 27 años sin haber hecho nada”.

Theo lo convenció de irse a vivir con sus papás a Etten, Amsterdam. Ahí se dedicó a pintar, pintaba tejedores, recolectores de leña, campesinos, dunas, barcas, etc. A la gente le parecía extraño su forma de vestir, su barba, su estilo de vida, era diferente a los demás, sus modales, su paseo por los campos, su falta de ocupación. No podían creer que un hombre fuerte se dedicara a pintar. En Amsterdam, en esa época, los hombres se dedicaban al campo, tenían puestos administrativos o en la iglesia, era raro que un hombre se dedicara a pintar.

Creaba y luego tiraba sus dibujos varias veces, como si nada de lo que pintaba le agradara. Su padre lo cuestionaba, no podía creer que uno de sus hijos se dedicara a pintar sin recibir un sueldo, no podía creer que tuviera que seguirlo manteniendo y no entendía para qué su hijo leía y observaba tanto la naturaleza. Pero Vincent estaba convencido de que había encontrado su pasión en la vida sin importarle las ganancias económicas y le explicaba a su padre que para pintar la vida necesitaba comprender su anatomía, los sentimientos y el mundo que los rodea. En esa época desencajaba cualquier otra cosa que no fuera trabajar en algo toda una vida con el fin de ganar dinero. Para su padre la vida era obediencia y conducta irreprochable y Vincent no era así, no se adaptaba a ese molde. Su padre pensaba que los libros franceses que Vincent leía eran pecado y blasfemia. Esta forma rígida de pensar y de ser de su padre y de la familia Van Gogh, potencializó el carácter impulsivo, explosivo  y rebelde de Vincent. Sentía placer por ser diferente a su padre, por rebelarse ante las reglas y lo establecido. A partir de entonces firmaba sus lienzos solamente con el nombre de “Vincent”, sin su apellido. Esto marca una ruptura con la familia Van Gogh, una familia que no entendía su manera de vivir.

Su madre le insistía que pintara a señoras con las que tomaba el té y Vincent le decía que esas señoras llevaban una vida cómoda y que no expresaban nada interesante en sus rostros. Entonces le pidió que tuviera fe en él. Vincent era el consentido de su madre, ella no lo comprendía, sin embargo lo apoyaba. Lo que a Vincent se le metía a la cabeza o al corazón lo hacía sin parar, era muy apasionado y obstinado.

En Amsterdam conoce a su prima Kay y se enamora de ella. Salían juntos al campo, él pintaba y ella lo veía, solo podía pintar si ella estaba presente, se volvió la motivación de su vida y de sus pinturas. Por segunda vez experimentó un fracaso amoroso, le declaró su amor y ella se negó, le dijo que no podía haber nada entre ellos porque eran primos. Un día fue a buscar a Kay a su casa y el padre de Kay se negó a que la viera. Entonces Vincent tercamente metió su mano en el fuego de una chimenea y le dijo al padre de Kay que si no lo dejaba verla se quemaría por completo su mano. El padre de Kay lo corrió de su casa. Una vez más podemos observar el carácter impulsivo, rebelde, exhibicionista y terco de Vincent. No podía con la idea de que las cosas no sucedieran como él esperaba.

Al verse desamparado por su propio padre, Vincent le pide dinero a su hermano Theo, siguió viviendo mantenido por él y siguió aprendiendo impulsivamente del mundo de la pintura. Sus tíos trataron varias veces de hacerle ver que no era buen pintor, le hacían ver que siempre estaba sucio, trataba con gente de clase baja y que así no iba a tener éxito. Se peleó con todos, amigos, maestros, tíos; siempre defendiendo sus cuadros con su carácter explosivo y arrebatador. Vincent decía que era artista porque luchaba y buscaba con todo su corazón. “Nunca he dejado de buscar”. En esa época con la ayuda económica de Theo, empieza a pintar en óleo. Quería que la gente comentara de sus obras: “Este hombre siente profundamente…” Quería conservar la pureza de la primera impresión en sus cuadros. Quería captar el carácter, el dolor y el color.

Más tarde conoce a una mujer dedicada a la prostitución llamada Cristina, tiene relaciones sexuales por primera vez y se siente vivo. Vincent ayuda a Cristina a dejar de tomar, la saca del ambiente de la prostitución, le da comida y le ayuda a tener a su hijo, pues estaba embarazada. Sentía amor por ella y se sentía acompañado, Cristina le daba fuerzas para salir adelante. La fealdad de Cristina jamás fue repulsiva ante los ojos de Vincent, defendía su amor ante su familia, quienes se negaban a que Vincent tuviera un amorío con ella, pues decían que era una mujerzuela de clase baja. En ese momento los dibujos que Cristina le inspiraba eran de una belleza profunda y conmovedora, ella era su modelo. “Encuentro en ella justo lo que necesito, su vida ha sido dura y la tristeza y la adversidad han dejado sus marcas, ahora puedo hacer algo con ella”. En esa época también pintó figuras en las que expresaba el modo de vivir de la servidumbre y la esclavitud de la mujer.

Tiempo después empieza a escasear el dinero y siendo Vincent desprendido y no pudiéndose quedar en un solo lugar para estabilizarse y queriendo ir a conquistar siempre nuevos horizontes, deja a Cristina, pues le dice que ya no la puede mantener y que no le puede dar las comodidades que ella se merece. Vincent regresa a casa de sus padres, hace las paces con su padre con su habilidad para convencer y verbalizar poéticamente lo que siente y su padre le pone su propio estudio. Ahí empieza a pintar a los tejedores y a su ambiente, quería plasmar en sus telas la dureza de un destino del que no podían escapar. La melancolía se convirtió en el elemento principal. Pintaba también escenas de la vida pueblerina o campesina, todo le llamaba la atención, un herrero, un cestero, una mujer moliendo café, pelando legumbres, un hombre fumando pipa, etc. Buscaba constantemente la pasión hacia la verdad. En ese tiempo fue adquiriendo mucha sensibilidad para captar la armonía y la expresividad. Pintó cuadros como “Campesinos plantando patatas”, “La siembre de la patata”, “Recolectores de leña en la nieve” y “Pastor con rebaño de ovejas”.

Pero en el pueblo la gente lo tachaba de haragán, loco, hablaban mal de él, le decían que trabajar era tener un negocio, arar el campo, esos eran trabajos de hombres, no pintar.

En esos días le escribe a Theo: “Te aseguro que si tú me enviaras por casua­lidad alguna vez un poco más de dinero, esto haría mucho bien a los cuadros, pero no a mí. Yo no tengo más que la elección entre ser un buen o un mal pintor. He elegido lo primero. Pero las necesidades de la pintura son como las de una amante ruinosa; no se puede hacer nada sin dinero y nunca se tiene bastante. Dando dinero a los artistas tú haces obra de artista”. Entonces decidió que todas sus obras iban a parar en manos de Theo como una forma de pagarle todo el dinero que había invertido en él.

Theo fomenta el carácter comodino, relajado, impulsivo, explosivo y oral de Vincent. Su hermano lo mantiene casi toda su vida y Vincent siempre buscó la manera de convencerlo para que le siguiera mandando dinero. Las cartas que le mandaba a Theo eran poéticas, muy descriptivas, espirituales, románticas, al leerlas te convencen, te atrapan, te ilusionan. Sin duda, hasta en su forma de escribir Vincent era un artista y su hermano Theo lo sabía.

En Neunen, en casa de sus padres, conoció a una mujer llamada Margot, se hicieron novios. Ella nunca había amado a alguien y al declararle su amor, Vincent aceptó. Él se sentía querido y acompañado por primera vez en su vida. Se sentía halagado de que alguien lo amara. Pero la familia de Margot no dejó nunca que se casaran por la reputación que Vincent tenía en el pueblo, entonces ella desesperada intenta suicidarse. Una vez más Vincent comprobaba que él no estaba hecho para amar y que lo amaran. Una vez más había fracasado en el amor y esto iba aumentando también su carácter melancólico.

Al poco tiempo muere el padre de Vincent, fue un golpe muy duro para él. Sus hermanos le dijeron que él tenía que mantenerse solo. Vincent se fue de casa de sus padres para nunca más volver. En esa época le escribe a Theo: “El que tiene desilusiones y no se deja abatir por ellas, vale más que el que tiene siempre el viento en popa. No hay que hacerse la vida demasiado fácil. Si se quiere crecer es preciso hundirse en la tierra”. La muerte de su padre representó para Vincent una liberación, pero también un desorden mental, ya no había quien le diera estructura, quien lo criticara o juzgara. A partir de ahí empieza a pintar con más intensidad pero al mismo tiempo con más impulsividad.

Siguió pintando, sin embargo no le gustaba nada de sus pinturas, pintaba y las tiraba a la basura, pintaba figuras ensimismadas haciendo alguna actividad apacible. Un cuadro como “Los comedores de patatas” resume esta época de Van Gogh. No lograba captar la esencia de los campesinos reunidos en la mesa cenando papas, realizó este estudio una y otra vez hasta que después de muchos ensayos por fin y siendo fiel a su terquedad había pintado su famoso cuadro. “Entre todos mis trabajos creo que el cuadro de los campesinos comiendo patatas es lo mejor que he hecho”. Al terminarlo se fue a París.

París estaba viviendo en el siglo XIX el primer gran proyecto de transformación y ampliación urbana al que seguirían otras capitales europeas. La población de la ciudad había pasado de 547,000 habitantes a principios del siglo a la desorbitada cifra de 1,538,000 habitantes en 1861. Ésta era una razón suficiente para planificar un cambio ordenado de esta capital y convertirla en una ciudad competente, capaz de absorber todas las iniciativas y energías de Francia. París fue obligada a sufrir cambios fundamentales debido a que a lo largo del siglo XIX fue escenario de una época de verdadera movilidad socio-política.

Entre 1862 y 1887 París se modernizó. En este periodo nacieron las revistas de moda, las tiendas departamentales y la elegancia de la vestimenta negra como un signo no de luto sino de sofisticación. En este ambiente y coincidiendo con el momento de mayor efervescencia política, surge el cambio de tendencia artística, se abandona la visión clásica y romanticista para entrar a una época en que la atención se dirige hacia lo particular, en definitiva el costumbrismo y el realismo. En muchas de las obras de los artistas se reflejan los sentimientos socialistas y revolucionarios del momento. El impresionismo se presenta como una prolongación del realismo, nace bajo su influencia y adopta como él los temas de la vida cotidiana. El impresionismo propone cuadros luminosos. Los pintores impresionistas son numerosos. Aunque París fue la capital artística del fin de siglo, aparecen también nombres extranjeros entre los innovadores y esto permite la exportación del movimiento. Se consideran como iniciadores del impresionismo, Manet y Monet. Los siguen, Renoir, Degas y Lautrec. Más adelante llegan, Seurat, Sisley, los puntillistas, Cezanne, Gauguin y el mismo Van Gogh.

Cuando Vincent llegó a París se hospedó en casa de Theo y en esta ciudad descubrió a los impresionistas. Ellos revolucionaron la pintura, descubrieron un nuevo arte. Ya no hacían representaciones de la realidad sino que veían las cosas a través de su propia personalidad. Vincent decía: “La pintura, tal como hoy aparece, promete volverse más sutil, más música y menos escultura; promete, en fin, el color”.

En un principio Vincent no lograba pintar con los colores vivos que los impresionistas utilizaban. Su hermano Theo se quejaba de que Vincent era desesperado, caminaba de un lado a otro de la casa, hacia desorden, tiraba cosas, era muy inquieto. Todo el tiempo quería que le diera opiniones de sus cuadros y Theo al llegar del trabajo lo único que quería era dormir, sin embargo pasaba horas tranquilizando a su hermano, le decía que pintara despacio, con cuidado y Vincent le contestaba: “¿acaso puedo hacer yo algo despacio y con cuidado?”.Vincent se arrodillaba en la cama de Theo durante horas preguntándole cómo veía sus cuadros, hasta que Theo se dormía. Empezó a imitar a todos los pintores que iba conociendo. Theo le decía que sus cuadros eran imitaciones, que creara su propio estilo. Vincent empezó a utilizar mucho color, los colores azul, amarillo, rojo, violeta y lila decoraban sus telas, pintaba cuadros más alegres, menos melancólicos. Había nacido entonces la paleta de colores llameante de Van Gogh, pintaba barcos, ríos, puentes, jardines y muchos cuadros de flores.

En París los impresionistas, Degas, Cezzane, Lautrec, Gauguin, Seurat, Rousseau y Vincent Van Gogh, se reunían para cambiar el mundo de la pintura. Dialogaba sobre el nuevo arte y comentaban que cada cuadro poseía una belleza por más feo que pudiera parecer. Pertenecían a la civilización sin moral del siglo XIX. Los impresionistas empezaron a colocar al carácter por encima de la fealdad, al dolor por encima de la belleza. Aceptaban la vida con integridad sin hacer juicios morales. Decían que una prostituta valía tanto como una condesa. Estas ideas compaginaban muy bien con lo que Vincent pensaba acerca de la vida, así que se sintió parte de este movimiento artístico.

Vincent decía: “No conozco mejor definición de la palabra arte que ésta: El arte es el hombre agregado a la naturaleza; a la realidad, a la verdad, pero con un significado, con una concepción, con un carácter que el artista hace resaltar y al cual da expresión que libera e ilumina. Mi deseo es hacer tales inexactitudes, tales anomalías, tales modificaciones, cambios de la realidad, mentiras más verdaderas que la verdad literal”.

A Vincent se le ocurrió empezar a exponer los cuadros en los restaurantes de París, además entró a estudiar a una escuela de pintura y se permitió crear cuadros más alegres y optimistas. Pintó más de 230 cuadros durante esa época de su vida. Los pintores se reunían, comentaban los cuadros, pintaban juntos y daban ideas para vender sus telas. Finalmente formaron la Colonia Comunista de Arte. Theo era el director y pretendían irse a vivir todos juntos a una casa de campo para pintar con más tranquilidad.

Al poco tiempo Vincent le dijo a su hermano que él no quería ser un organizador comunista, que lo que él quería era irse de París al campo, donde él creía que pertenecía, pero quería irse solo. Sentía necesidad de partir a algún lugar tranquilo donde pudiese volcar toda su energía nerviosa en su trabajo. Sentía que París estaba consumiendo sus fuerzas. Así que se fue a Arles, un pequeño lugar cerca de París, muy soleado en época de verano, con coloridos paisajes y muy tranquilo. Arles desde entonces es el centro de una región agrícola, ahí se venden productos agrícolas y domésticos, así como manufacturas textiles. Vincent quería luz, quería Sol y da la impresión de que una vez más no tolera la estabilidad y las relaciones de amistad que había conseguido en París, no tolera el ruido, la civilización, el movimiento de la ciudad y se vuelve a ir para estar solo en el campo con sus propios pensamientos y sentimientos. Aquí se vuelve a notar su carácter esquizoide y melancólico.

En Arles pintaba sin descanso, pintaba sus famosos cuadros de autorretratos, de girasoles y pares de zapatos, zapatos desgastados como símbolo de un artista que ha recorrido un largo camino. No le hablaba a nadie, no hacía nada más que pintar, no comía ni dormía. Decía que podía quedarse sin amor, sin amistades, sin hijos, sin comer, sin Dios, pero nunca sin pintar y crear. Le escribe a Theo: “En cuanto a mí, me encuentro a menudo mejor que en el mundo civilizado, entre la gente que ignora hasta la palabra “aislamiento”, por ejemplo los campesinos y los teje­dores. Para mí es la felicidad. Así que mientras estoy aquí he intimado mucho con los tejedores”. La creatividad de Vincent dependía en gran medida de la atmósfera del lugar, necesitaba la simbiosis con un entorno que pretendía captar en su trabajo. Parece que por su carácter también masoquista tenía deseo de sufrir para poder sublimar, para poder crear. Siempre buscaba los alojamientos más baratos y se prohibía a sí mismo ingerir grandes cantidades de comida, incluso cuando era invitado como huésped rechazaba las comidas por la creencia de que al igual que un monje, debía comer solo lo necesario para vivir. En Amsterdam le comentó a un profesor que se estaba pegando con una vara como castigo por no haber trabajado lo suficiente.

A los pocos días conoció a una prostituta de 16 años. Vincent iba a cada rato al lugar donde ella trabajaba y tenían relaciones sexuales. Un día ella le pidió una oreja suya a cambio de tenerla de amante. Le decía que le gustaban mucho sus orejas haciéndole cosquillas. Los dos se reían, platicaban, bromeaban. Ella le decía que todo mundo comentaba que él estaba loco porque no hablaba con nadie y porque siempre estaba solo, lo único que hacía era pintar y pintar sin descanso y rápidamente. La emoción que sentía al pintar era tan fuerte que no se daba cuenta de la velocidad con la que pintaba.

Por fin alquiló una pequeña casa amarilla para poder vivir dignamente y tener un lugar estable. La decoró con sus cuadros, compró muebles, la arregló y sintió emoción al tener por primera vez su propio lugar. Estando ahí pintó el famoso cuadro de su dormitorio y más autorretratos, pues no tenía dinero para pagar modelos.

Vincent había dejado a un lado el estilo del realismo en sus cuadros, para ese momento había tomado lo mejor de cada corriente artística como por ejemplo, el impresionismo, el puntillismo, el estilo japonés y el simbolismo. Todas estas corrientes eran símbolos revolucionarios de la época moderna. Nunca se afianzó de lleno a una tendencia, experimentaba y escogía aquello que le convenía en su repertorio artístico. Un juego rápido, muy rápido de líneas y colores complementaban sus lienzos.

Les escribe a Theo: “No vayas a creer que vivo en un estado de febrilidad artificial, es preciso que sepas que continuamente hago complicados cálculos cuyo resultado son cuadros de una seria rápida, pintados deprisa pero concebidos mucho antes. Cuando la gente diga que se han hecho demasiado deprisa, podrás contestar que ellos los han visto demasiado deprisa”.

Invitó a su amigo Gauguin a vivir con él, decía que necesitaba compañía. Viviendo juntos comentaban los cuadros que cada uno hacía y se peleaban por las diferencias que cada uno tenía respecto al arte. Gauguin trabajaba de una manera demasiado controlada y reflexiva, muy distinta a la manera de Vincent. Durante la convivencia entre los pintores Gauguin fue tomando el papel de genio y maestro, mientras que Vincent fue perdiendo seguridad en sí mismo y ante la incompatibilidad con su compañero ponía en duda el valor de su propio trabajo.

El exceso de trabajo, la falta de alimento, de sueño, y el exceso de licor y tabaco, lo condujeron a la excitación y a la locura. En esos días Gauguin amenazaba con abandonar Arles y a su amigo, ya no quería seguir ahí. Vincent lo sabía y suponía que la separación definitiva con su amigo estaba por llegar. Un día en un bar le aventó un vaso de vidrio en la cabeza a Gauguin, también empezaba a observarlo mientras dormía por las noches, le aventaba pintura en su sopa y en un momento de arranque estando solo agarró una navaja de afeitar y frente al espejo se cortó la oreja, se la llevó a la prostituta y al día siguiente lo encontraron en su casa inconsciente. Vincent sintió miedo ante el abandono de su compañero y se trastornó, él quería compañía, quería ser querido, un rasgo más de su carácter masoquista. Le escribe a Theo: “siento que tengo que trabajar hasta la destrucción psíquica y corporal, precisamente porque no tengo ningún medio para pagar los gastos”. “Mis cuadros no tienen ningún valor, me cuestan enormemente, entre otras cosas, también mi sangre y mi cerebro”.

En ese tiempo recibió la noticia de que Theo se casó y estaba por tener un hijo. Podría ser que esta noticia también contribuyó a que se cortara la oreja. Quizás Theo ante los gastos que implica una familia ya no podría seguir ayudando a Vincent, quizás pensaba que Theo ya no iba a volcar su tiempo y su energía en él porque iba a estar ocupado con otras cosas.

Gauguin llamó al doctor, Vincent se recuperó de su oreja y el doctor le dijo que la insolación y los estimulantes como el ajenjo le causaban alucinaciones. Vincent solo decía que no sabía por qué se había cortado la oreja. Por las noches tenía alucinaciones hasta que poco a poco fueron desapareciendo. El médico dijo que probablemente se la había cortado para acabar con las alucinaciones auditivas. También le diagnosticó epilepsia, una enfermedad es ese tiempo ligada a la locura.

Le escribe a Theo: “Soy un hombre de pasiones, capaz de hacer cosas más o menos insensatas, de lo cual me arrepiento a medias. Me ocurre a menudo que hablo u obro con demasiada precipitación cuando sería mejor esperar con más paciencia”. Una vez más es voraz, impulsivo, impaciente y exhibicionista.

Vincent sabía que para poder pintar tan brillantemente tenía que dar rienda suelta a su apasionamiento y eso significaba su destrucción. Él quería pintar con pasión, si no, no tenía caso vivir. Así que volvió a beber ajenjo, a asolearse por largas horas y a fumar tabaco. No dormía, no comía y pintaba hasta 3 cuadros diarios.

La gente lo molestaba, le decían “loco”, se burlaban de él y los niños del pueblo le cantaban “dame tu otra oreja”. Un día desesperado por las burlas de la gente arrojó todas sus cosas por la ventana de su casa y cayó al piso perdiendo la conciencia. Lo llevaron a un hospital psiquiátrico llamado Saint Remy.

En el hospital psiquiátrico lo único que quería era pintar. Pintaba campos de trigo amarillos, cielos azules, cipreses, los jardines del hospital y expresiones humanas. Los cuadros de ese momento no representaban creaciones de un enfermo mental. Pero entre más recuperaba la salud más se deprimía, más podía pensar fríamente y más le parecía absurdo seguir pintando ya que le costaba muy caro y le daba muy poco. A Vincent le gustaba permanecer en su estado de locura, de fantasía, pintando y creando.  Se le permitía ocupar dos estancias, una para dormir, y otra que utilizaba como estudio. Incluso se le permitía salir del hospital para pintar al aire libre acompañado de un vigilante.

Le escribe a Theo: “He encontrado amistad en los vecinos, en todos los del hospital. Realmen­te preferiría estar siempre enfermo aquí que olvidar la bon­dad que hay en la gente que tiene los prejuicios más increíbles respecto a los pintores y a la pintura o que en todo caso no tiene ninguna idea clara y sana como no­sotros”. “Creo que bastará que te diga que me siento decididamente incapaz de recomenzar, de reinstalar un nuevo taller y de quedarme solo aquí, en Arlés o en otra parte; he tratado de habituarme a la idea de recomenzar; sin embargo, por el momento no es posible. Provisionalmente deseo quedar internado; tanto para mi propia tranquilidad, como para la de los demás. Cuando debo seguir una regla como aquí́ en el hospital, me siento tranquilo”.

A pesar de su carácter reactivo, Vincent por momentos logró sublimar sus impulsos agresivos, su melancolía y su dolor. Hay elaboración en sus pinturas, proceso de maduración y evolución. Él desarrolló su propia manera de pintar, de crear, una manera que hoy en día es reconocida mundialmente. “El trabajo me distrae mil veces más que cualquier otra cosa y, si pudiera dedicarme a él con todas mis fuerzas, posiblemente sería la mejor medicina”.

Su hermano le dijo que por fin había vendido uno de sus cuadros y le mandó el dinero para mudarse a una casa cerca de París. A su regreso a París conoció a la esposa y al hijo de Theo. Para eso momento tenía ataques y alucinaciones más o menos cada 3 meses.

El doctor Gachet, al que Vincet conocía desde hace tiempo y al que le gustaba mucho la pintura, le recomendó ir a Auvers, un lugar tranquilo cerca de París. Gachet era especialista en enfermedades nerviosas. En Auvers se sintió sumamente deprimido, sólo pintó unos días telas que reflejaban una soledad creciente, en su última obra unos cuervos negros sobrevuelan un campo asolado por la tempestad. Ya no tenía ganas de pintar, ya había expresado todo lo que tenía que expresar, ya no sentía esa pasión por la naturaleza. En esa época le escribe a Theo: “Recomenzar esta vida de pintor como hasta ahora, ais­lado luego en el taller y sin más recursos para distraerse que ir a un café́ o a un restaurante con toda la crítica de los vecinos, yo no puedo; ir a vivir con otra persona, aun­que fuera otro artista, difícil, muy difícil, es tomar so­bre mí una responsabilidad demasiado grande, no me atrevo ni siquiera a pensarlo”. Tenía recaídas mucho más frecuentes.

La tarde del 27 de julio de 1890 atacado nuevamente por la locura tomó una pistola y se dio un tiro. Vincent le había escrito una carta más a Theo diciéndole todo lo que él representaba en su vida: “Te repito una vez más que siempre te he considerado como algo más que un marchante. A través de mí, has sido el eslabón que ha participado en la creación de algunas de mis telas que en el derrumbamiento de mi locura, conservan toda su serenidad…”

Vincent estaba muy herido y dos días después, ya con su hermano a su lado murió Vincent Van Gogh el 29 de julio de 1890, tenía 37 años. Dicen que murió sintiendo que arriesgó la vida por su obra y la razón no resistió. Theo le da la noticia a su madre diciéndole: “…encontró la paz que no había podido encontrar en la Tierra”.

Al poco tiempo Theo cayó enfermo mentalmente y luego de 6 meses también murió.

Su esposa lo enterró junto a Vincent y leyó un verso que decía, “y la muerte no los separó”.

 

Bibliografía:

  • Amann, P. Vincent Van Gogh. Iberlibro. Barcelona, España.
  • Charles, V. (2008). Vincent Van Gogh por Vincent Van Gogh. Volumen I y II. Numen, Londres.
  • Jamís, F. (1998). Cartas a Theo. Colección Idea Universitaria. Barcelona, España.
  • Metzger, R., Walther, I. (1998). Van Gogh. Taschen.
  • Schvartz, C. Últimas cartas desde la locura. Vincent Van Gogh. Versión digital.Vincent_van_Gogh_self-portrait-1024x768
  • Stone, I. (1953). Anhelo de vivir. La vida de Vincent Van Gogh. Editorial Diana, México.

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