El psicoanalista en el ambiente hospitalario

¿Qué pasa cuando entra un paciente al hospital?

  • Tiene que enfrentarse a una toma de decisión, y someterse a una serie de procedimientos.
  • Pérdida de control.
  • Reacciones emocionales: ansiedad, miedo, confusión, incertidumbre, preocupación, vulnerabilidad.
  • Desajuste o crisis emocional.
  • Sensación de amenaza.
  • En ocasiones poca información, lucha con la incertidumbre.
  • Miedo al daño corporal, cambios en la imagen corporal, fantasías asociadas.
  • Cada uno le da un significado a la hospitalización y se relaciona con creencias, valores, religión y expectativas.
  • Dolor, cambios de hábitos, alteraciones en el sueño y en la alimentación.

Ser ingresado a un hospital por lo general representa un momento de crisis dentro de la familia. La vida hospitalaria no está pensada para los familiares y tampoco para los pacientes, sino para satisfacer las necesidades médicas y de enfermería del equipo del hospital. Es decir, a los hospitales por lo general no les interesa ser un espacio ameno y contenedor tanto para familiares como pacientes, sino funcional, eficiente y eficaz.  Esto los convierte en un espacio agresivo, con mucho movimiento, un lenguaje médico poco accesible y horarios extraños.

Tomando en cuenta las distintas edades, capacidades y formas de comprensión de la enfermedad, podemos pensar que por lo general se presentan angustias de aniquilación, y por lo tanto, activación de mecanismos de defensa primarios como la negación, proyección, escisión, etc. Se establecen movimientos regresivos que tienden a recrear estados yoicos arcaicos en una especie de retorno al yo corporal primitivo.

Las posibles consecuencias de una hospitalización traumática pueden ir desde una dificultad para enfrentarse a momentos de enfermedad u hospitalización en el futuro, hasta un síndrome de estrés post traumático, depresión y trastornos de ansiedad.

Poco se habla del trauma que genera una hospitalización, de las angustias despertadas y de las consecuencias de las mismas. La visión de las personas respecto a su enfermedad es multifactorial, y por lo tanto, cada caso debe ser tratado con singularidad para poder evaluar los distintos componentes relacionados al caso. La hospitalización, es por lo general, un trauma y por lo tanto es importante afrontarlo como tal.

El paciente se cuestiona acerca de su enfermedad y muchas veces la pregunta de ¿por qué a mí?, queda flotando en el aire.

Los pacientes graves pueden tener miedo a la muerte psíquica en forma de fragmentación del yo, así como temores de frustración arcaicos expresados en la fantasía de desintegración corporal y, sin lugar a dudas, a la muerte biológica.

Un movimiento psíquico que sin lugar a dudas es adaptativo para los pacientes para conservar su estructura interna es el aislamiento afectivo. Aíslan la parte afectiva y se concentran en seguir las indicaciones médicas el pie de la letra.

El psicoanalista en el hospital

Por todo esto es muy importante la presencia de un psicoanalista en el hospital, alguien que trabaje la parte emocional de los pacientes y que cuide aspectos que otros profesionales de la salud no ven.

La relación de un psicoanalista con un hospital es una relación poco natural, generalmente los hospitales no están acostumbrados a tener psicoanalistas en un hospital, por lo que el trabajo en esta institución viene desde “educar” al hospital y a su personal a tomarnos en cuenta.

El hospital es una institución a la que asisten los que tienen un dolor o un sufrimiento. Esta demanda no solamente puede ser escuchada por un médico desde la parte fisiológica, para dar una atención integral tiene que haber una escucha emocional, una escucha que vaya más allá de lo establecido, un psicoanalista escucha lo que no se habla.

El psicoanalista puede escuchar el sufrimiento del paciente, quien tal vez sólo necesite eso para sentirse aliviado.

Un psicoanalista escucha más allá de la parte científica y tecnológica, ahí donde el médico ya no tiene campo de acción. El psicoanalista le da un lugar a un deseo que no se verbaliza. Al psicoanalista se le pide que intervenga donde el médico no alcanza a intervenir.

El desarrollo de una relación individual, personal y confidencial con los pacientes fomenta la aparición de la transferencia, y una vez más la transferencia, siendo la mejor herramienta para el psicoanalista es la que ayuda a los pacientes hospitalizados a sentirse mejor, a sentirse escuchados, apoyados y a no sentirse solos.

Objetivos

  • Brindar apoyo emocional a los pacientes y sus familiares durante todo el proceso de enfermedad y hoshospitalpitalización.
  • Educar y trabajar en la prevención para la salud.
  • Establecer una relación terapéutica con pacientes y familiares, promoviendo el apoyo emocional, la adherencia al tratamiento, la contención y el acompañamiento durante su proceso de hospitalización.
  • Establecer una relación terapéutica con pacientes y familiares de áreas críticas, promoviendo un apoyo emocional acorde a sus necesidades, que les permita generar alternativas para enfrentar y mejorar la situación que están viviendo.

¿En qué podemos ayudar?

  • Disminución y control de síntomas emocionales en los pacientes y familiares.
  • Promoción de la adherencia terapéutica.No solo la parte física sino también la emocional.
  • Atención integral a los pacientes.
  • Prevención de futuros trastornos.
  • Apoyo en contención por malas noticias.
  • Trabajo tanatológico en casos de duelo.
  • Actividades terapéuticas, ocupacionales, y especiales.
  • Colaboración en el control de síntomas abordando el componente emocional: ej. dolor.
  • Disminución de la ansiedad tanto en el paciente como en la familia.
  • Manejo de crisis
  • Preparación psicológica para los procedimientos, favoreciendo la disminución de la ansiedad así como la colaboración del paciente.
  • Con niños: Técnicas de control emocional durante procedimientos.

Contratransferencia

Es importante que el analista tenga presente sus reacciones contratransferenciales especialmente con pacientes muy graves, en terapia intensiva, cáncer o enfermedades degenerativas. Se pueden tener fantasías sobre prolongar la vida de un paciente o desaparecer la enfermedad.  Estas fantasías se pueden deber a que el paciente mejora en sus relaciones de objeto o prevalecen las defensas maniacas. Esto no implica una “cura”, solo un avance en el tratamiento.

Hay que ligar el presente, con la enfermedad y con la infancia. Poner en palabras el dolor y hablar de la muerte. Todos sabemos que no es fácil hablar del dolor y de la muerte.

Trabajar en un hospital no es cosa fácil, se requieren muchas herramientas tanto clínicas como internas. Día a día te enfrentas con la enfermedad, la muerte, la incertidumbre, la crisis, el estrés y la angustia. El abrir cada habitación del hospital para trabajar con los pacientes se convierte en una caja de pandora en la que no sabes qué vas a encontrar adentro, en la que no sabes qué herramientas necesitas para ayudar al paciente, puede ser desde ayudarle a pasarle el teléfono o un vaso de agua hasta hacer una intervención en crisis o un trabajo de duelo.

El psicoanalista tiene las herramientas adecuadas para hacer este tipo de trabajo principalmente porque tiene un trabajo personal bastante fuerte, porque tiene analizado su mundo interno, su miedo a la enfermedad y a su propia muerte, cosas con las que te enfrentas en el hospital todos los días.

Así mismo, el psicoanálisis tiene las herramientas clínicas y teóricas para intervenir con todos los pacientes con diferentes condiciones de vida y diferentes diagnósticos médicos.

Contratransferencialmente el trabajo hospitalario demanda mucho pero también da muchas satisfacciones. Es una oportunidad para llevar el psicoanálisis a las instituciones, para salir del consultorio y darnos a conocer en otros ámbitos, dar a conocer lo que hacemos y cómo lo hacemos. No cabe duda que los psicoanalistas estamos preparados para este tipo de trabajo y aunque no hagamos psicoanálisis propiamente dicho en el ambiente hospitalario, nuestra mirada analítica nos ayuda a resolver cualquier tipo de situación con los pacientes.

También se necesita flexibilidad por parte del analista para ayudar a los pacientes de una manera más directiva y muchas veces funcionamos como acompañantes en su proceso de hospitalización. Es importante saber detectar la necesidad del paciente en el momento y ser flexibles en cubrirla. Es decir un paciente puede necesitar una simple mirada, sonrisa o compañía, y es importante estar ahí para otorgarlo sin una necesidad por parte del analista de hacer un trabajo profundo con todos los pacientes el cual en un ambiente hospitalario muchas veces no es posible, cada uno necesita cosas diferentes en momentos diferentes.

Conclusiones

  • Se puede llevar la mirada psicoanalítica a diferentes instituciones como la hospitalaria.
  • Nuestra formación teórica, práctica y personal nos permite escuchar más allá de lo que se dice conscientemente.
  • El personal médico no está acostumbrado a que se trabaje la parte emocional de los pacientes, por lo que se requiere una ardua tarea de darnos a conocer y de promover la atención INTEGRAL a los pacientes.

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