Madres obsesivas

Frecuentemente escuchamos a la gente decir que estamos obsesionados con alguien o con algo, pero…. ¿qué es la obsesión?

La palabra “obsesión” proviene del término latín obsessĭo que significa asedio. La obsesión es una perturbación anímica producida por una idea fija. Este pensamiento o sentimiento causa angustia porque la persona no puede librarse de él. Cuando las obsesiones se vuelven crónicas, se habla de una neurosis que perturba la vida noo-NO-DECIR-A-TUS-HIJOS-facebookrmal del sujeto y que se transforma en un trastorno obsesivo-compulsivo.

La obsesión amorosa es una manifestación clínica de este trastorno que ocurre cuando un individuo concentra su atención y desarrolla sentimientos obsesivos hacia una persona la cual idealiza. Muchas madres desarrollan con sus hijos un amor obsesivo que se convierte en posesividad.[] La obsesión con los hijos se caracteriza por el intento de controlarlos; se trata de  madres que invaden la vida de sus hijos, y los vuelven inseguros, dependientes, pasivos y frágiles. Los ven como la prolongación de ellas mismas, quieren saberlo todo y participar en cada detalle de su vida cotidiana.

Asimismo, las madres posesivas hacen de la crianza de sus hijos el único objetivo de sus vidas; proyectan en ellos sus sueños frustrados y, en nombre del amor, invaden su privacidad y terminan manipulándolos. Quieren el bien para sus hijos, pero consiguen lo contrario.

Los mo­ti­vos o cau­sas que im­pul­san a com­por­ta­mien­tos de es­te ti­po sue­len es­tar aso­cia­dos a ca­ren­cias pro­pias, a in­sa­tis­fac­cio­nes per­so­na­les o a mie­dos exa­ge­ra­dos. El perfil de la madre sobreprotectora tiene mucho que ver con la calidad de protección y seguridad que recibió ella misma. Generalmente, las madres obsesivas son madres que experimentaron en su vida muchas frustraciones y que anhelan que sus hijos sean lo que ellas no pudieron ser.

Características de una madre obsesiva:

  • Procura, por todos los medios posibles, que sus hijos hagan lo que ella desea. No acepta oposición. Manipula, llora, amenaza o pide compasión, con tal que sus hijos actúen de acuerdo a su voluntad.
  • Prohíbe la expresión de sentimientos que supongan algo distinto a lo que ella considera bueno.
  • De manera consciente o inconsciente busca la forma para que sus hijos la necesiten. Percibe a sus hijos indefensos y busca protegerlos.
  • Uno de sus temores es que sus hijos quieran hacer su propia vida, lo que ella considera un acto de rebeldía o de desagradecimiento, lo que implica  la no aceptación del crecimiento de los hijos.
  • Debido a su inseguridad, uno de sus miedos más grandes es que sus hijos amen a otras personas, por eso protagoniza episodios de celos abiertos o encubiertos.
  • Un elemento a tomar en cuenta es que el entorno suele calificar a estas madres como “sobreprotectoras”, “controladoras”, “manipuladoras”, “chantajistas” o “asfixiantes”, todas ellas expresiones que, de un modo u otro, reflejan que se está ante la presencia de una persona con un serio problema afectivo.

Por otro lado, estas madres también suelen devaluar a su pareja sentimental y terminan haciendo su voluntad. Esto provoca en el cónyuge un sentimiento de ser dominado y ser excluido de la crianza de los hijos, lo cual puede ser muy dañino para la relación. Por ello, es muy importante buscar la manera de educar a los hijos de modo que tanto la madre como el padre entiendan que ambos tienen una función esencial en la formación de sus hijos.

No obstante,  la lucha entre ser madre equilibrada y razonable, y la de amar patológicamente a un ser humano al grado de no dejarlo crecer, es probablemente también producto de una sociedad que cada día es más exigente. Recordemos que no es nada fácil ser madre, nadie nos enseña cómo hacerlo, y, sin embargo, la sociedad espera que seamos excelentes madres. Esto trae como consecuencia que se quiera ser  tan buena madre que, en ocasiones, se llega al grado de la sobreprotección. Por lo tanto, es necesario que la sociedad entienda el rol de una madre equilibrada que sustenta, cuida, protege y guía, sin considerarse dueña de sus hijos.

Recuerda ser comprensiva con tus hijos; tener una buena relación con ellos; dejarlos crecer; darles libertad para actuar y para expresarse; ayudarlos a tomar  sus propias decisiones, más no decidir por ellos; respetar sus opiniones y gustos; y ayudarlos a ser independientes. La función de una madre es guiar para que algún día los hijos puedan volar.

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